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5 mar. 2010

Tras el pincel... una mujer

Una amiga, estudiante de Bellas Artes y feminista como la que más, me dijo un día, basándose en estadísticas: "Las mujeres somos las mayores consumidoras de cultura, más que los hombres". Me quedé pensando apenas unos segundos y contesté: "Y sin embargo, apenas conocemos mujeres artistas en comparación con el número de hombres que sí vemos cada día en los carteles que anuncian las exposiciones...". Pongámonos una prueba, por ejemplo, citar cinco pintores contemporáneos y cinco pintoras contemporáneas con cierto reconocimiento internacional. ¡No vale buscar en Google! ¿Somos capaces de encontrar a las cinco mujeres? No será porque no las haya, es, sencillamente, que no las conocemos. ¿Son peores artistas? Seguramente no será ese el motivo, lo que no significa que no haya malas y buenas pintoras. A lo largo de la historia la mujer ha sido invisibilizada, se ha estrangulado su creatividad y se ha acabado con su vida.

Rita Riera, experta en Historia del Arte, explica más ampliamente esta y otras cuestiones en una entrevista publicada ayer mismo en Diario de Ibiza y realizada por la periodista y musa Laura Ferrer Arambarri. Aquí os dejo la entrevista, realmente interesante, en la que se citan también algunas artistas olvidadas y sin embargo de gran talento y con influencia en su entorno:

"Las obras de grandes pintoras han sido atribuidas a sus padres o maridos"

Rita Riera, licenciada en Historia, imparte desde ayer el curso de la UIB ´La dona a la història de l´art´ en el que analiza la vida y la obra de mujeres artistas desde la Edad Media hasta nuestros días

Hablará de pintoras como Sofonisba Anguissola, Lavinia Fontana, Marietta Robusti o Artemisia Gentileschi que son grandes desconocidas para el gran público, a pesar de que su talento está a la altura de sus contemporáneos masculinos.

IBIZA | LAURA FERRER ARAMBARRI Durante siete sesiones, Rita Riera irá desgranando la vida, la obra y el contexto histórico de diferentes e interesantes artistas, muchas de ellas grandes desconocidas.

–La mujer en la historia del arte es un tema amplio ¿En qué aspectos se centra el curso?
–Se estructura por épocas, empezando por la Edad Media hasta prácticamente hoy en día. En el primer bloque hablaremos de Ende y Hildegard von Bingen. En el Renacimiento nos centraremos en las pintora Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, además de Marietta Robusti. En el barroco, hablaremos de Artemisia Gentileschi, Judith Leyster y Rachel Ruysch. En el neoclasicismo destacan Angelica Kauffmann, Elisabeth Vigeé-Lebrun y Rosalba Carriera. En el impresionismo, Berthe Morisot, Marie Cassatt y Camille Claudel. Las últimas clases se centrarán en las primeras vanguardias, con un repaso a la vida y obra de Gabrielle Münter, Sonia Delaunay y Frida Kahlo. De las segundas vanguardias destacaremos a Louise Bourgeois, Carmen Calvo y las Guerrilla Girls. El curso aborda no sólo la vida en concreto de la artista, sino la situación que pasaba la mujer en aquel momento histórico. Nos preguntaremos por qué no ha habido tantas mujeres artistas como hombres.

–Esa es la pregunta clave. ¿Por qué han destacado tan pocas mujeres?
–La visión parcial que se ha dado de la historia ha divulgado que había menos mujeres artistas porque carecían de talento. Que servían para hacer cosas bonitas, como florecitas y tal. El talento o el genio eran propiedades masculinas.

–¿Tienen todas las artistas de las que habla en el curso el punto común de haber sufrido para poder destacar?
–Evidentemente, todas. De Ende no se sabe prácticamente nada pero, de las que se conoce algo, sí que tienen ese punto en común. La situación social de unas y otras fue la que marcó la diferencia. Las de mejor posición social lo tuvieron un poco más fácil. Pero todas tuvieron que enfrentarse a un mundo que les decía que ese no era su camino, que su camino era la familia, el matrimonio, estar en casa...

–Hay casos como el de Camille Claudel en el que su genio queda eclipsado por su pareja, Rodin. ¿Es algo habitual?
–Sí, es algo que suele pasar. Es el caso también de Sonia Delaunay, que quedó a la sombra de su marido [Robert Delaunay], también pintor en las vanguardias, y de Frida Kahlo, que durante muchos años estuvo a la sombra de Diego Ribera. Artemisia Gentileschi era hija de Horacio Gentileschi. Muchas obras suyas fueron atribuidas a su padre. Lo mismo sucedió con Marietta Robusti, que era hija de Tintoretto, y quedó en un segundo plano, tras el gran genio que era su padre. Muchas de estas mujeres tuvieron un reconocimiento en vida pero, después, la historia escrita en clave masculina las ha ido borrando. Muchas de las obras de estas grandes pintoras acabaron siendo atribuidas a sus maridos o a sus padres, siempre a una figura masculina.

–¿Cuándo comienza a cambiar ese panorama?
–Se ha podido recuperar la historia de muchas de estas mujeres a partir de 1970, no antes, gracias al movimiento feminista. Historiadoras del arte y sociólogas comenzaron a investigar el papel de la mujer en la historia del arte. Hasta el momento sólo se había contado la mitad, desde el punto de vista masculino. Es como si te explican una historia con la mitad de los personajes.

–¿Ha influido en el cambio el hecho de que las mujeres tengan hoy derecho a tener tiempo para sí mismas, a la ´habitación propia´ de la que habla Virginia Wolf?
–Por supuesto, hasta hace muy pocos años estaba mal visto que las mujeres se dedicasen a una actividad propia que no fuese estar en su casa exclusivamente. Incluso estaba mal visto que se asomasen a la ventana, con lo que iniciar una actividad por su cuenta ya era lo peor. Sólo que saliesen a la calle solas o a tomar clases de pintura... era suficiente para que se las considerase ´mujeres de la calle´.

–¿Muchas fueron autodidactas?
–No todas, algunas se pudieron formar gracias a que eran hijas o parientes de alguien que pintaba, o a que eran de clase alta y podían acceder a una formación.

–¿Alguna, como ha sucedido en la literatura, se tuvo que hacer pasar por hombre para trabajar?
–No se conocen casos, pero podría ser. Hay que tener en cuenta que hace muy poco tiempo que hay estudios serios sobre la mujer en la historia del arte y queda mucho por descubrir. Si estas preguntas nos las hacemos dentro de treinta años posiblemente las respuestas sean otras porque sabremos mucho más. No nos imaginamos que hubo mujeres humanistas, mujeres que hacían miniaturas en la época medieval... La historia las ha borrado.

–Personalmente, ¿cree que esto está totalmente superado?
–No completamente, desde luego que no. Hay muchas mujeres que se dedican al arte que cuentan con reconocimiento, pero no creo que esté completamente superado. Las Guerrilla Girls denunciaron hace unos años que la presencia de arte hecho por mujeres en grandes instituciones como el Metropolitan de Nueva York ha descendido del cinco al tres por ciento en los últimos años.

–De todas las artistas en las que se centra el curso ¿cuál le ha impresionado o impactado más?

–Es muy difícil elegir porque todas me han interesado. Me quedaría con Hildegard von Bingen porque fue una mujer que lo abarcó todo, desde la música hasta la escritura, la miniatura... Escribió volúmenes enciclopédicos sobre plantas y medicinas y tuvo un papel descatado en su época, en la que también intervino políticamente. Tuvo una enorme actividad intelectual pero ha pasado totalmente desapercibida durante muchos años, lo que me llamó mucho la atención. Su vida y su capacidad de superación, en un siglo como el XII en el que cada vez se remarcaba más la idea que las mujeres tenían que quedarse en su casa o en el convento, es admirable. Ella luchó mucho pero todas son un ejemplo de superación.

– ¿La religión ha tenido un papel importante en el olvido de la mujer?
–La reforma Gregoriana del siglo XII provocó un mayor control sobre las mujeres y su encierro. Antes de la reforma había monasterios mixtos, en los que los monjes y las monjas trabajaban codo con codo aunque estuvieran alojados en edificios diferentes. Esto cambió de tal manera que los hombres acabaron teniendo el control de los monasterios de mujeres. En la Edad Media la iglesia tenía mucha fuerza, era la dominadora cultural de alguna manera. San Pablo dice claramente en varios versículos que las mujeres deben estar calladas, ser mansas, que pueden ser discípulas pero nunca enseñar porque no pueden estar por encima del hombre. Si tu religión dice que la mujer es un ser que tiene que estar sometido al hombre se crea un desequilibrio evidente.

3 comentarios:

  1. Si hablamos del consumo de cultura, todas las estadísticas han demostrado históricamente que las mujeres leen mucho más que los hombres. Yo viajo mucho en bus y es más habitual encontrarte desde niñas pequeñas con cuentos hasta viejecitas con una tapa dura bajo el brazo, que hombres que hagan lo mismo (ellos son más de ir con el periódico). En las editoriales, en el departamento editorial puro y duro el 95% de la plantilla somos mujeres. Y ahora viene lo triste e injusto: cuando subes en el organigrama y te acercas a las posiciones de "súper-jefes" vuelven a aparecer los hombres. En fin, incongruencias de un mundo que, si quisiéramos, dominaríamos por mayoría.
    Y, cómo no, la entrevista de Laura es magnífica. Qué descubrimiento de señora...

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  2. Hace dos días estuve en una tertulia sobre Violencia de Género y el Delegado del Gobierno contra la Violencia de Género explicaba algunos perfiles o caracteres de un maltratador cuando una mujer dijo: "a la vez que lo describes estoy imaginando en mi cabeza al empresariado español". Las formas de trabajo nos han llevado a una forma social (me pongo marxiana), y aunque suene un poco brusco o exagerado es cierto. El señor (Miguel Lorente), contestó: "Un jefe que sale del despacho dando voces y tirando papeles es un hombre con mucho carácter. Una jefa que hace lo mismo es una histérica".

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  3. La historia ha sido escrita por hombres y por eso se nos presenta desde una óptica masculina. Lo mismo que pasa con las guerras, siempre las ganaron los buenos, porque fueron ellos los que dieron cuenta de su resultado.

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