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13 dic 2012

Rumanía y la supervivencia


*Este texto fue publicado como artículo de opinión en el portal de noticias sobre la Unión Europea EuroXpress, el 18 de enero de 2012. Fue el primer y último texto escrito para el blog Crónicas Rumanas, de la misma autora de La Imponderablia.

Cuenta el periodista Robert D. Kaplan en Fantasmas Balcánicos, citando a un intelectual del folclore rumano, Adrian Poruciuc, que el hogar, «la familia sentada alrededor de la humilde mesa con la comida servida» es el símbolo popular del pueblo rumano. ¿Podéis imaginar lo que supone viajar 3.000 kilómetros hacia lo desconocido para salvar ese símbolo, ese conjunto de seres queridos? Sorin viajó. A Lérida. Y Vanya, búlgara, a Valencia. A ella le engañaron. No le dijeron que tendría que dar una parte de lo ganado recogiendo naranjas al patrón, y otra a quien le había encontrado el trabajo, hasta que llegó allí. Tuvo que recoger la comida que tiraban los supermercados al cerrar para sobrevivir. Quería ir a hacer la temporada, pero apenas ahorró. Estudia Arte Sacro. Pinta mosaicos.

Ion también cruzó Europa, o Juan, porque en España le llaman así. Giorgiana, o Gabi aún no lo han hecho, pero lo desean, como el 90 por ciento de jóvenes a quienes se les pregunta, porque el otro 10 por ciento no tiene tiempo para soñar. Aspiran a un futuro mejor, pero Rumanía casi nunca está en sus planes. ¿Por qué habéis perdido la esperanza en un futuro mejor en vuestro país? Se lo pregunto a Giorgiana, que cuenta con alegría que ha encontrado un trabajo relacionado con sus estudios de Medio Ambiente. «Antes podíamos esperar que las cosas fueran a cambiar, pero ha pasado mucho tiempo [desde la caída del régimen de Ceausescu] y no es que nada haya cambiado, es que todo ha ido a peor», lamenta.

Giorgiana trabajará para una empresa española, con sede en Barcelona, 40 horas semanales, de lunes a viernes, cobrando alrededor de 400 euros. Empresa española. Precios españoles. Sueldo rumano. ¿Dónde está el truco? La gasolina es más cara, la factura de la luz sube más, la comida del supermercado tiene más o menos el mismo precio que en España, o mayor, pero casi nunca menor... ¿Cómo lo hacéis? «Aprendemos», contestan casi siempre, con resignación. ¿Y no hay tiempo para vivir? «No hay otro remedio», apostillan.

El instinto de supervivencia elevado a un alta potencia, la necesidad de trabajar/estudiar/trabajar/ es el opio del pueblo rumano. Juan tiene suerte. En el 96 viajó a Israel para trabajar allí durante un año como albañil, construyendo uno de los edificios gubernamentales. La empresa le dio un sitio donde dormir que no tenía que pagar, un sueldo de 1000 dólares y sus gastos eran reducidos. «Era la primera vez que salía, yo también quería ver mundo». Cuando el contrato terminó volvió a Alba Iulia, la ciudad donde se firmó la unión de Rumanía tal como es ahora. Después Tarragona. Después Ibiza. Tras nueve años de ir y venir, en los que le ha acompañado su mujer, Micaela, ahora piensa en quedarse en su ciudad natal. 

Hablamos del futuro, pero como otras tantas personas, me habla de un pasado aparentemente mejor: «Con Ceausescu teníamos lo que necesitábamos, dinero suficiente para comprar lo que quisiéramos, pero no había nada que comprar, y ahora podemos comprar todo lo que queramos, pero no tenemos suficiente dinero».

La frase se repite en muchas conversaciones, en las que tampoco faltan muestras de frustración con la clase política. Poca gente cree en ella en Rumanía. En las últimas elecciones la abuela de Andra, que no fue a votar, figuraba como votante asistente a los comicios. «Sí que voy a votar, pero mi voto es nulo. ¿De qué sirve mi voto si hay tanta corrupción?», dice Andra.

Acción social
Sin embargo no todo el mundo piensa así. Sorprende que cuando hablan del pasado, nadie habla de libertades, sino de comer, tener trabajo, de vivir con un mínimo de «dignidad». Es el primer peldaño de la vida, quizá. Una idea no vale lo mismo que un plato de comida, no cuando del plato depende la vida y la idea puede esperar. Cuando se tiene el estómago caliente, se puede pensar en otras cosas, se plantean. Hay otros espacios donde se ejerce presión social. Recientemente se ocupó la Facultad de Historia de la Universidad de Bucarest, como protesta social por una educación mejor y hubo otra jornada de encierro nocturno en la de Lenguas Extranjeras. Algo parece estar gestándose en la sociedad rumana, que estos días está saliendo a las calles para protestar contra subidas de impuestos, recortes en servicios sociales y una corrupta clase política. Es pronto para hablar de una nueva revolución europea, pero la sensación y las proclamas de los estudiantes, hombres y mujeres que protestan estos días en numerosas ciudades rumanas podrían desembocar en una fuerte oposición social cuyos efectos van haciendo mella en el Gobierno.



El próximo 28 de enero la sociedad rumana saldrá a la calle para impedir que la zona de Roșia Montana sea una zona de explotación minera. El oro rumano está ahí, pero resulta ser un lugar de gran valor natural y antropológico. El gobierno está metido en la empresa que quiere explotar la zona... Activistas de todas partes han estado informando en puntos de gran afluencia como el metro y a pesar de esa aparente enorme desesperanza, la gente ha ido escribiendo su nombre en las hojas de firmas en contra del proyecto y también se han llevado importantes acciones de protesta en la calle con anterioridad.
Desde pequeños espacios como la Biblioteca Alternativa o Centrul Filia se lucha dando cabida a la acción social, probablemente tan mal vista aquí como en otros sitios, pero quizá aún más aquí, pues la mirada negativa hacia la clase política parece contagiarse hacia todo aquello relacionado con ella. No es lo mismo hablar en Rumanía de comunismo que en otros contextos, tampoco hablar de izquierdas, hay otros matices, otros motivos, otro background.

Money, money, money
Cuando un rumano o rumana habla de cómo van las cosas en el país, habla de dinero. Los estereotipos occidentales no ayudan nada a esta gente cálida, enormemente trabajadora, amiga de visitantes y de quienes se esfuerzan en aprender más sobre su cultura marginada a los pies de Europa. Hace poco le decía a un taxista, creo recordar que su nombre era Catalin, que la gente de Rumanía era muy cálida, muy acogedora. «¿Y la española no?», respondió. Había estado un año trabajando como camarero en Alcalá de Henares, Madrid. Allí dijo haber dejado un par de buenos amigos. Ahora trabaja conduciendo un taxi, está divorciado y tiene una hija. «Allí con 100 euros puedes hacer una compra para comer todo el mes, aquí necesitas el doble». Comparte su sueldo con su familia, rota, quién sabe si por las consecuencias de su emigración. Dejar el hogar no es fácil. Las familias se separan, y de su separación depende muchas veces su supervivencia, sobre todo, si no tienen otro concepto de vida más allá de la unidad familiar. Aún me pregunto cómo lo hacen. George me dio una de las claves hace algún tiempo: «Estoy contento, este fin de semana llevo más dinero a casa». La solidaridad es la base. Comparten salarios y cuando hay abundancia todos reciben tanto como dejan de recibir cuando el bosillo de uno está más vacío.


Le digo a Juan que no me extraña que en estas situaciones algunas personas se vean en la situación de tener que robar. He visto madres durmiendo en la calle con niños de no más de 4 años, numerosas personas ancianas que piden dinero o lo que sea, he escuchado historias sobre sobornos al médico para tener la garantía de ser atendido correctamente en una operación sin importancia... Eso es Bucarest, la representación de la historia rumana, el caos, una mezcla de resignación en gente enormemente cálida y orgullosa de su cultura y sus tradiciones. Las personas, no las instituciones, no las manos invisibles, son las que mueven el mundo. Ellas se mueven. Ellas lo cambian.



16 dic 2010

Wikileaks a debate: del periodismo al poder social

El interés causado por la revelación de documentos clasificados de la diplomacia norteamericana a través de la plataforma de filtraciones Wikileaks se hizo evidente la pasada noche del miércoles con la importante asistencia de alrededor de 750 personas al debate celebrado en CaixaForum sobre el impacto en el periodismo por este tipo de informaciones. La gente quiere saber cuáles serán las consecuencias del ya denominado por todos 'Cablegate' y quizá ese podría ser el punto de dispersión de la movilización ciudadana que, a juzgar por los no hechos, ahora está más pendiente de qué pasará con la plataforma de filtraciones que de reclamar a sus gobiernos responsabilidades.

Pantallas fuera del auditorio para que todo el público siguiera el debate C.M.
En este aspecto incidió Javier Moreno, director del único medio en lengua española que ha tenido acceso a los cables, El País, y que junto a Der Spiegel, The Guardian, Le Monde y New York Times ha ejercido como sujeto analítico de las comunicaciones que han puesto a temblar el sistema diplomático de las estados modernos: "Aquí no se descubre a uno, sino a muchos gobiernos engañando y mostrando otra cara a la  ofrecida públicamente a sus ciudadanos", subrayó Moreno.

La calidad y la capacidad de edición de un equipo "con colmillo" y la ampliación de la cobertura al área idiomática hispana fueron las razones por las que el medio de PRISA fue seleccionado para difundir los 250.000 documentos, según Moreno, quien admitió que en un principio no se incluía en el plan a Le Monde y a El País. Sin embargo, estos dos últimos insistieron para participar en una operación periodística sin precedentes cuyo principal motor, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, sigue detenido en Inglaterra por cometer presuntamente violación y abusos sexuales en Suecia. Moreno aclaró que Assange eligió a cinco grandes medios por "evitar las presiones para no publicar el material" que probablemente hubieran existido de haberse intentado difundir a través de un solo medio. 

El debate, que se alargó unas dos horas y que permitió la participación del público en la sala y a través de las redes sociales, dio pie a discutir el tratamiento de fuentes, los límites de la intimidad -o la publicidad- de cargos gubernamentales o las distintas legislaciones en cuanto al derecho a la información. En la mesa de debate también intercambiaron sus opiniones el único Pulitzer español y director de Periodismohumano.com,  Javier Bauluz, el subdirector de ABC, Borja Bergaereche, la directora de Informe Semanal (TVE) Alicia G. Montano y el corresponsal en Madrid para The Guardian, Giles Tremlett. Ignacio Escolar, director de Público intervino como moderador.

"Wikileaks es una vergüenza para los grandes medios"
Javier Bauluz, representante de un medio con enfoque de derechos humanos y una visión distinta de la empresa informativa, describió sin pelos en la lengua a Wikileaks como "una muy buena noticia para el periodismo y una vergüenza para los grandes medios que no se han hecho cargo de un trabajo que esta pequeña organización ha tenido que hacer por ellos". Así de rotundo definió Bauluz el fenómeno que, añadió, "cambia el ecosistema de la información". "El micrófono ya no está siempre en las mismas manos y surgen nuevos medios, como ProPublica, y hay muchos más actores", incidió el comunicador. 

Bergaereche se mostró partidario de un mínimo de secretismo en pro del sustento y la seguridad de los estados, no sin cuestionar "cuánto de secretismo necesitan las sociedades democráticas". El subdirector de ABC recordó que Assange es un "activista" cuyo objetivo es "un mundo transparente". El periodista hizo hincapié en la diferenciación de los medios periodísticos y Wikileaks y la necesidad de analizar y seleccionar la información en función de su necesidad o utilidad: "De Wikileaks me espero que publiquen los puteríos de Gürtel, pero no de un periódico".

'Collateral Murder'. Vídeo filtrado por Wikileaks antes de los papeles de EEUU 
y ya prácticamente relegado al olvido


"Racanería" periodística
Bergaereche fue tajante al asegurar que "el nivel de la racanería [de las empresas periodísticas] es muy grande" y reclamó la necesidad de "perder el complejo de citar a otros medios". El Mundo, segundo periódico en número de lectores de España y que prácticamente ha ignorado las filtraciones de Wikileaks, fue el gran ausente del coloquio, especialmente porque aunque no fue mencionado en ningún momento se criticó su comportamiento indirectamente: "Es difícil en España darle cancha a la información de otros periódicos por la mala cultura que hay de periodismo. He echado en falta más generosidad de otros periódicos, pero con sus lectores, no con El País", lamentó Moreno, rodeado únicamente de representantes de medios que sí se han hecho eco hasta ahora de las filtraciones en mayor o menor medida. 

En cuanto a la protección de fuentes, Moreno aseguró que este no es un caso especial y no se ha pretendido proteger altos cargos, sino que se ha tratado a las fuentes ejerciendo el mismo trato que en cualquier otra investigación: "Nos pidieron proteger a líderes árabes de Irán o de Arabia Saudí y no lo aceptamos", asegura el director de El País, quien se defendió de las críticas asegurando que "no existen criterios empresariales de ningún tipo" a la hora de seleccionar los cables. Por su parte, la directora de Informe Semanal señaló que "siempre ha habido un intermediario, una mano" transmisora de información para el profesional periodista: "Wikileaks no es periodismo, pero nos trae los medios para que otros lo hagamos, y aquí empieza el periodismo de verdad". 

Dependencia de Wikileaks 
El corresponsal Tremlett apuntó al "poder" de Wikileaks sobre el resto de actores informativos: "Hay un cambio en el balance del poder de los medios y dependemos de unos pocos... los que forman Wikileaks". El periodista de The Guardian argumentó que quizá "algún día habría que legislar y proteger mejor" en la red. 

Bauluz, por su parte, argumentó que "la manera de hacer periodismo no es esperar a que llegue una filtración sino salir a la calle a buscar una información" y destacó la necesidad de mantener a los nuevos medios independientes y libres que surgen a través del sistema de donaciones. 


Ante la pregunta de Escolar sobre si los medios seleccionados saldrían en defensa de Assange de ser acusado de espionaje o detenido por sus filtraciones, Tremlett fue de los más rápidos al afirmar que "los periódicos deberían salir en su defensa" aunque remarcó que el ex hacker australiano tiene un problema con la justicia sueca por otros delitos "que no deben confundirse".  Tremlett se mostró algo crítico con el activista y reivindicó que "Assange no es tan transparente como Wikileaks exige a los gobiernos".

Una importante mayoría de gente joven siguió el debate por televisión. C.M.
Público crítico
La asistencia imprevisible y muy numerosa al acto sirvió para enriquecer el debate y poner una nota muy crítica a la forma en que se ha difundido la información de los cables en España, especialmente.

Una de las interventoras preguntó irónicamente si se igualaría el trato de algunos cargos políticos con el ofrecido a Hugo Chávez, al que que se ha acusado de un carácter similar al que se extrae de las filtraciones para otros gobernantes. En otras intervenciones también se acusó a El País de "manipular" las declaraciones de Aznar cuando el ex presidente popular afirmó en 2007: "De ver a España desesperada, tendré que volver a la política". A este caso, un joven recriminó al medio no haber incluido el año de las declaraciones "ni en el antetítulo, ni el título, ni en el subtítulo de la portada", lo que inducía según su apreciación a desvirtuar la información y sacarla de su contexto original. 

Otras intervenciones del público sirvieron para poner de manifiesto la preocupación existente sobre si el 'Cablegate' cambiará algo en el pensamiento de las sociedades o todo seguirá igual, a lo que Bauluz respondió que "se está enfocando todo en el señor de Wikileaks pero hay muchas formas de interactuar".


11 dic 2010

Más de 150 personas se concentran ante la embajada británica para apoyar a Assange en Madrid

Una pancarta con el lema "Free Assange". /Nils Henrik
Más de 150 personas se han concentrado hoy a las seis de la tarde frente a la embajada británica en Madrid, en Torre Espacio, para protestar en contra de la detención de Julian Assange, el líder de la plataforma Wikileaks, que ha puesto en jaque al sistema diplomático actual, y han lanzado sus proclamas en favor de la libertad de expresión en un acto que se ha prolongado alrededor de una hora. 

La puesta en libertad del  ex hacker australiano por parte de Reino Unido es la principal petición que ha realizado a través de un manifiesto la organización convocante Plataforma de Responsabilidad Ciudadana (RSCi), basándose en la presunción de inocencia y la ausencia de una condena por parte de Suecia por las acusaciones de violación y abusos sexuales que caen sobre Assange. 

Más transparencia y medidas judiciales
El portavoz de RSCi, Jesús Flores, ha pedido a los gobiernos que "cesen las actividades y acciones en contra de la libertad de información y expresión" y ha señalado que "la transparencia constituye un bien fundamental para cualquier sociedad democrática". Flores también ha exigido a las autoridades competentes que tomen "medidas judiciales" para que se pague por los delitos y crímenes que revelan las filtraciones realizadas hasta el momento.

Jesús Flores, portavoz de RSCi, lee el manifiesto de apoyo a Julian Assange /Foto: Nils Henrik



Los manifestantes también han presionado para lograr el restablecimiento del dominio wikileaks.org , que continúa cerrado, así como el desbloqueo de las cuentas financieras que la asociación de documentos mantenía en Visa, Mastercard y PostFinance y cuyos fondos se iban a destinar en parte al mantenimiento de la plataforma y al pago de la defensa de Assange en el caso abierto en Suecia. 

"Justicia para Couso"
El camarógrafo asesinado en Irak José Couso también ha merecido un recuerdo por parte de los asistentes que han reclamado que se continúe con la investigación abierta por la justicia española tras la filtración de documentos de la diplomacia norteamericana en los que se asegura que ex ministros como Miguel Ángel Moratinos o María Teresa Fernández de la Vega y el actual fiscal general del Tribunal Supremo, Cándido Conde-Pumpido, habrían presionado para el archivo del caso en el pasado.